Pues… luego de un breve descanso (de una semana), continuemos donde nos quedamos la entrada anterior, lo que era el pop antes del reggaetón.

Hasta ahora solo se ha hablado de la composición de las canciones y la problemática que surge al analizarlas de acuerdo con el tema que nos compete. Pero hay otros elementos que debemos considerar.

Ya que una canción fue creada, se necesita alguien que la interprete (y se recomienda que ese alguien se identifique con el contenido de la obra para que ésta alcance su máximo potencial al momento de ser exhibida). El artista juega entonces, un papel muy importante para el éxito y la reputación del material.

Actualmente, existen infinidad de herramientas que son utilizadas para dar esos “toques mágicos” a las grabaciones, las cuales, si son explotadas de la forma y en el momento (dentro del track) adecuado, hacen que la canción sea memorable y realzan el trabajo del artista. Del lado contrario, si se abusa del uso de estas herramientas, el resultado es algo que el oído percibe cargado y/o no real.

Una de estas herramientas es el ya conocido auto-tune. Este software fue creado inicialmente para corregir errores menores en la entonación de las pistas de voz, pero hoy en día, la necesidad de utilizarlo se compara con la de respirar.

La queja contra este programa es que cada vez más artistas requieren una “manita de gato” en sus pistas de voz (al igual que muchos, pienso que es un zarpazo de tigre), lo que pone en juicio la credibilidad del cantante y automáticamente la de su producto. Si esto se lo sumamos a lo que ya tratamos en la parte de composición, la calidad de lo que había antes del reggaetón se hace más clara.

Como alguien adentrándose de manera profesional en la industria de la música, estoy de acuerdo con la función original de este programa, y creo que las posibilidades que ofrece pueden ser aprovechadas con éxito logrando efectos representativos de cada género en el que se utilice, pero me parece alarmante que cada vez se sigan lanzando más “cantantes” que necesitan de esta herramienta para poder accionar.

Las personas talentosas sobran en el mundo, y de ello podemos ser testigos al ver distintos programas en la televisión, o si ponemos un poco más de atención a los covers en youtube. Pero aún así, se insiste en impulsar a los referidos como “artistas de plástico” que solo agregan más material para esta publicación.

El asunto de auto-tune no se limita al estudio de grabación, también tiene injerencia en las presentaciones en vivo. Aquí es cuando el artista demuestra su calidad. Los múltiples factores que envuelve este tipo de eventos (lugar, clima, movimientos, etc.) hacen imposible que el desempeño vocal sea exactamente igual que en sus grabaciones y que el público es capaz de distinguir claramente. Si se escucha idéntico, es indicio de que algo no es verídico.

Estoy convencido que nuestra naturaleza humana conlleva muchas limitantes, pero cuando de buena música se trata, se aprecia la perfección de las imperfecciones: esos detalles que hacen único a un cantante y reafirman su nivel de originalidad. Ya sea en el estudio o en vivo, son características que aportan al público la dosis de realismo necesario para disfrutar el verdadero arte.

Otras herramientas utilizadas recurrentemente en la década que nos interesa, son efectos que se agregan a los instrumentos y/o voces. Stutter, reverb, delay, vocoder, talk boxe, pitch shift, compression, y como lo dije más arriba, el mismo auto-tune. La lista de efectos con los que se puede trabajar es muy extensa, igual que los resultados que se obtienen de cada uno y de las combinaciones entre ellos. Todo depende del resultado que se desea obtener.

En esos diez años se ha escuchado de todo, desde las canciones que agregan efectos para dar un sonido específico, que han sobresalido por ofrecer material de calidad que se queda en la memoria del público por la manera en que fue hecho. Y otras que se han utilizado para distraer y cubrir la falta de calidad del intérprete, para vender lo mismo que ya se ha probado que funciona y que, según esa lógica, va a volver a funcionar. Ese es el contenido que abusa de ciertos (o de todos) los elementos descritos en este texto y que se vuelve monótono, plástico y desechable, del que todos hemos renegado.

No importa la época en la que nos encontremos ni el género que predomine. La oportunidad de cambiar el contenido que se masifica cae en nosotros, el público. Nos toca expandir nuestra cultura musical, ser más abiertos a sonidos y mensajes dichos de una forma diferente, y que serán lo que eventualmente le regresarán la gloria a la industria discográfica.