Hacer las cosas bien, requiere que pongamos atención en todos los detalles. Para que un negocio sea redituable, el comerciante debe tener bien identificados a sus clientes, quienes consumirán su producto o servicio y formarán parte importante en la dinámica de propagar el dato para atraer más consumidores y que el ciclo siga funcionando. El negocio de la música no es distinto, el artista debe darse a conocer, ser escuchado para que cada vez más personas conozcan su propuesta y pueda ir generando una fan base que le permita seguir expandiendo su arte. Es por eso que las presentaciones en vivo son indispensables, y para los autores también representa una actividad importante, ya que por cada vez que su obra es exhibida, ellos también obtienen ganancias.

La cosa funciona así: Cuando se lleva a cabo un concierto, un representante de la SACM asiste al lugar para cobrar los derechos de autor de las obras que se interpretarán. El 6% de la taquilla se destina para derechos de autor, y esa cantidad se divide 10% para las obras interpretadas por el telonero (en caso de haber) y 90% para las correspondientes al artista principal, de ahí, esos montos se dividen entre el número de canciones de cada interprete y se obtiene lo que le toca a cada autor.

Como en la entrada anterior, es muy importante recordar que, para reclamar estas regalías, es necesario que las obras estén registradas en la SACM, y que el lugar donde se lleva a cabo la presentación está registrado en el padrón de la misma institución.

Estoy convencido que haciendo las cosas correctamente, todos en esta industria tenemos oportunidad de seguir desarrollándonos en ella. Es nuestra responsabilidad como profesionales asegurarnos que cada uno reciba lo que le corresponde, y aunque no tenemos una lupa gigante para vigilar que cada individuo haga su parte, podemos hacer la nuestra lo mejor posible para que todo fluya como es debido.

Imagen: Arturo Corona